Las agujas del reloj no paran
de retumbar en un infinito tic-tac.
Es un pequeño universo que fluye
y jamás se detiene. Yo así lo veo.
El hombre tuvo la osadía de encerrarlo en
una máquina, con engranajes, péndulos y
campanas.
Esa triste manía de controlarlo todo.
Esa obsesión humana del encierro
administrado.
No tiene mayor explicación, todo
se reduce al mismo instante:
Cuando libere su furia, sabremos
al fin, que es el tiempo.


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