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Soy Jesús Ibarren. Lector empedernido que no pertenece a la academia. Amante del arte en todas sus formas. Hipercrítico de la concepción burguesa y aristocrática de las artes.

jueves, 31 de marzo de 2016

Cartas al poeta. (Para Karmelo Iribarren)

Intercambiamos buenos cometarios
escuetos y lacerantes a veces,
otros de halagos.
Brindamos a la distancia con cerveza y
fumamos los mejores tabacos
Le comenté de la imagen de Borges
en mi biblioteca y los dibujos de mi hija,
los papelitos con anotaciones pegados
y los libros desordenados,
él me dijo que en San Sebastián el
Cantábrico estaba picado y
que esa tarde se había ido a un recital de poesía,
luego en su casa escribió varios poemas y
bien entrada la madrugada lo asaltó un sueño:
Dialogaba con Bukowski y el viejo le decía
no jodas con eso de los poemas,
tomemos hasta quedar inconscientes.
Y él, con mucho esmero destapó un tinto
sirvió tres copas –una para Hank, una para Linda y otra para él-,
todo iba bien hasta que uno de los gatos saltó en su regazo
y en ese instante todo se fue aclarando.
Debajo de su cama había tres copas,
una botella y

el maldito gato.

lunes, 21 de marzo de 2016

Poemas.

Desde el rincón oscuro,
tapado de libros y papeles,
creo mis poemas y
pienso:
-¿Son la invención de mi mente
o las estrofas se me revelan como
entes independientes?-

Con ellos comencé a bucear
el mundo de las letras,

luego aparecieron los cuentos,
relatos y alguna novela.

Su música me lleva a surcar
los caminos pantanosos del
corazón, y siempre la interrumpe
la luz de la razón.

Todo se compone de versos y
estrofas,
gracias a ellos –mis poemas-,
observo esta vida

liberando mi mente de las
irracionales cadenas de

lo que llaman existencia.

viernes, 4 de marzo de 2016

El progreso.

El tabaco y la cerveza,
        la madrugada y las mujeres.

La introspección y el
              silencio.

 Y de repente un tipo lanza un
                escupitajo.

Yo sigo con mi lapicera y
                el anotador.

Un rico que se queja y
           el cocinero que se asoma.

La vieja que pide un té y dos
               parroquianos toman cerveza;

 a uno le dicen “tumba” y a otro
              le gritan “cabeza”.
      
Los dos son peligrosos y  sus
           dichos tienen algo de ponzoñoso.

Todo pasa aquí, en el bar el progreso.

Yo pido un whisky, la cuenta y
         una medida de suerte,
                     esta noche tengo decidido

esquivar la muerte.