Intercambiamos
buenos cometarios
escuetos
y lacerantes a veces,
otros
de halagos.
fumamos
los mejores tabacos
Le
comenté de la imagen de Borges
en
mi biblioteca y los dibujos de mi hija,
los
papelitos con anotaciones pegados
y
los libros desordenados,
él
me dijo que en San Sebastián el
Cantábrico
estaba picado y
que
esa tarde se había ido a un recital de poesía,
luego
en su casa escribió varios poemas y
bien
entrada la madrugada lo asaltó un sueño:
Dialogaba
con Bukowski y el viejo le decía
no
jodas con eso de los poemas,
tomemos
hasta quedar inconscientes.
Y
él, con mucho esmero destapó un tinto
sirvió
tres copas –una para Hank, una para Linda y otra para él-,
todo
iba bien hasta que uno de los gatos saltó en su regazo
y
en ese instante todo se fue aclarando.
Debajo
de su cama había tres copas,
una
botella y
el
maldito gato.

