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Soy Jesús Ibarren. Lector empedernido que no pertenece a la academia. Amante del arte en todas sus formas. Hipercrítico de la concepción burguesa y aristocrática de las artes.

sábado, 28 de enero de 2017

Un sábado al sol

No es recomendable discutir
en la puerta con los testigos
de Geová,
suelen ser tenaces,
no esquivan la confrontación.
Mejor una ronda de whisky
con los del
fans club
del Papa,
esos ahora
tienen línea directa
con Dios.
Les dije que no creía,
me hablaron del milagro
de no sé qué creador.
No hay fé,
no hay nada,
solo vida, dolor.
Nos dimos la mano,
porque ante todo
buena educación.
Cerré la puerta,
y esperé
fumando, mirando
el techo
pensando
recostado en el sillón.
La vida es corta y
de eso no hay
Objeción.
Treinta y cinco grados
al sol.
Quisiera ser un hombre
creyente
para soportar
la sobriedad
de un Dios
vengativo
con semejante
calor.

viernes, 27 de enero de 2017

Tentado por la suerte

Consideremos que las oportunidades
son ilusiones
que al ser humano empujan
a lo largo de su vida.

Espejos empañados
que nos devuelven la imagen borrosa
de un cuerpo indefinido
que creemos ser
y no es más que luz reflejada.

Consideremos que estas paredes
forradas de libros
no son más que palabras ajenas
autorizadas por los dueños
del don de lo estético.

Un cuerpo de infantería
medio muerto
que resucita cada vez que yo quiero.

Si dejásemos de considerar
para abrir paso a los
hechos,
descubriríamos que
somos prostitutas
de la suerte.

domingo, 22 de enero de 2017

Ni Perseo puede un Domingo por la mañana.

Amanecer muy temprano,
un domingo junto a Bolaño,
botellas que destilan alcohol
fútbol inglés,
el calor indomable del verano
Ornado por los safaris al África
y los toros de Pamplona 
de un libro de Hemingway
que me da vértigo y tristeza.
Amanecer fatigado, intrigado;
buscando algo entre los textos
que me revele alguna esperanza
en toda esa masa de hombres
que circula por los bordes
del sueño,
calcinados por las horas interminables
del insomnio de la escritura.
Imagino al Atlas derrotado, hecho piedra,
peñascos y cumbres del universo,
que el fatigado hijo de Zeus convirtió
al gigante con tan solo la cabeza
de una de las tres Gorgonas;
Perseo y sus hazañas
no podrían jamás con todo
el peso insoportable
de los pensamientos
un domingo por la mañana.

La mudanza.

Hoy  lo he decidido:
 me mudo de este departamento
a una casa con más espacio
para que el sol entre por las ventanas,
el aire recorra cada uno de los rincones  y
cuando llegue de mi trabajo, después de una larga madrugada
pueda sentarme en el sillón a contemplar el parque:
que la luz oblicua caiga sobre el pasto e inunde
mi pecho de calor,
 y el aroma profundo del café en el fuego me deleite.
Ya no tendré que odiar a esos vecinos ruidosos y
su música a todo volumen;
 o las peleas a puñetazos de los locos del fondo.
Ya no sentiré el olor nauseabundo de los pasillos y
las escaleras.
(Ninguno entendió el valor de estar solo con uno mismo,
pensarse en su existencia día a día y odiar la miserable
injusticia del mundo).
Algunos de ellos viven allí por necesidad:
como esa mujer soltera con sus dos hijos pequeños que limpia
la casa de un ingrato jefe, o la mujer morocha, que siempre
me resultó demasiado bella para este lugar,
como un Nenúfar en el Nilo;
la vieja religiosa y sus visitas, o
 la puta de abajo con sus gemidos de madrugada, solo acallados
por mis discos de rock.
Todo fue parte de mis años entre extraños que apenas
saludaba. Ahora navegaré un nuevo rio, esta vez solo
espero no sea tan turbulento.
Solo se van mis libros, los muebles y este poema,
el resto de mis recuerdos aquí se quedan.


viernes, 13 de enero de 2017

Saer, el poeta.

Intentar abordar a un escritor como Juan José Saer es una empresa que, en mi caso estaría vedada. Solo aquellos catedráticos y ensayistas estudiosos, con precisión de neurocirujano, y conocimientos inacabables en materia de literatura, podrían escribir algo que realmente valga la pena, y haga honor a la memoria de semejante escritor.
Este escrito, no pretende ser un meticuloso trabajo pseudocientífico,  o una tesitura sobre la poesía del escritor de Serodino, que luego emigró a Francia. Digamos que es una especie de opinión lectora de alguien que, con admiración profunda intenta decir –escribir- algo sobre un poeta, que también fue novelista y ensayista.
El poema que le da título al volumen de poesía El arte de narrar, resume prácticamente todo Saer, no solo como poeta, sino como ensayista y novelista.
Por escrito (1960-1972)
El arte de narrar.
Cada uno crea
       de las astillas que recibe
          la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
-y, de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.
En cinco versos nos describe –al igual que en sus ensayos del concepto de ficción-  su forma y método de creación. Es decir, para él solo era posible escribir atravesando los límites de lo convencional, crear un lenguaje propio, que vaya si no lo creó. Todos sabemos que con solo leer algunos párrafos de cualquier texto podemos identificar la pluma del escritor santafesino. La experimentación poética va desde poemas cortos como el citado más arriba, que más que un poema es una declaración de principios en versos, o como El siglo de oro, o A los pecados capitales, hasta largos poemas narrativos como Dialogo bajo de un carro o El alumno de Crates; luego en su sed experimental narra el horror de un violador en Miseria y consuelo del violador, donde describe al criminal fumando sentado en el camastro de su celda, acosándolo sin parar los recuerdos del ultraje de aquella vez. En alguna ocasión, escuché en una entrevista a Martín Kohan decir que el escribía sobre temas donde existiese la posibilidad de narrar, es decir, no hay temas que no puedan utilizarse como materia prima, el barro del artesano para moldear sus cacharros, y esta afirmación es un buen saco para Saer.
Consideremos que el arte es una expresión que proviene de los fondos –esos patios oscuros, medios húmedos y herrumbrosos-  de los creadores. Los analistas del todo dirían que esta afirmación carece de sustento científico, pero que otra cosa es un poema sino una síntesis bella de lo que el mundo y los interiores ofrece; reducir a versos pensados, estudiados meticulosamente, con sentido estético, una revelación artística, como una pintura o una escultura aparece la poesía, irrumpe con furia, sin pedir permiso y se revela a los pocos lectores que aprecian el arte más bello de la lengua. La idea de Saer, supongo como lector, y por lo que él mismo dejó escrito era crear su propio lenguaje, uno lento, cansino, como la tarde en la caminata de los personajes de su novela Glosa; la descripción al máximo de todo el ambiente, desde los trazos proyectados de una sombra sobre la vereda hasta una pelota de plástico olvidada por algún chico en un lago; en sus poemas hay parte ese procedimiento, y también el brillo de la erudición, paseándose por la historia antigua hasta llegar a los paisajes que caminaba fumando.
¿Será la poca difusión de la poesía? O será que solo se reduce a un núcleo lector y especializado, que no ha logrado trascender como poeta. La respiración que recorre cada poema es como si fuese una conversación telefónica  a Francia –su último destino-, donde nos cuenta su visión artística del mundo y la historia.
Por último, me gustaría creer que los lectores se van a multiplicar con el correr del tiempo, necesito aferrarme a esa ilusión, como lo hacen los enfermos en sus últimas y agitadas respiraciones que anteceden al desenlace fatal; esa fe del creyente que se arrodilla ante una efigie de yeso y le ruega por sus desdichas que, en mi caso, son los cada vez menos lectores de poesía saeriana y poesía en general. No soy crítico literario ni pretendo serlo, pero siempre es más bello para el alma leer un verso dedicado a Quevedo que un mal poeta que le escribe a un pan duro. La vanguardia ha hecho que tiremos por la ventana a los que pulen cada palabra antes de estamparla en un verso, a esos que antes de escribir un poema han leído toneladas de poesía, y hoy los conceptualista ponen alguna frase suelta con una imagen rara para llamarlo poesía. Perdón, pero la poesía duele, se sufre escribiéndola y leyéndola, se goza por su estética, y se practica un onanismo intelectual cuando logramos ver que se está cerca de la perfección y eso, al menos quien suscribe lo ve en la poesía de Saer.
Perdón por el atrevimiento, maestro.



viernes, 6 de enero de 2017

Adios Ricardo Piglia.

Murió Ricardo Piglia. Uno de los mejores escritores que he tenido el enorme placer de leer. No hay mejor homenaje que el mejor lugar en mi biblioteca.
Adiós maestro, gracias por enseñarme otro costado de Borges, Arlt, Puig ; y con su erudición hacerme más soportable la existencia. En mi casa será eterno, mi hija lo leerá y también anhelo mis nietos y bisnietos. 
Linda forma de hacerse
 inmortal usted, Emilo Renzi.

martes, 3 de enero de 2017

Humedad y tabaco.

Cada vez que respiro
llega ese olor a humedad y tabaco
que queda grabado en mi memoria.

Ese mismo que huelo todos los días
de madrugada.

La tierra cuando se moja en
las mañanas de verano
huele a niñez en mi barrio.

Los jazmines en primavera que
perfuman los jardines de la casa
vieja de al lado.

Pero ese olor a humedad y tabaco
que penetra todos y cada uno
de los poros de mi piel,
me recuerdan lo peor.

Se herrumbra mi corazón cada vez
que debo atravesar la ciudad en la noche,
abrir la puerta y ese olor a humedad y tabaco
que se apodera de mi olfato.

Los olores nos marcan la infancia,
los perfumes la adolescencia y
los horrores modernos nuestra adultez.