Me
robaron tres poemas,
eran
buenos
estaban
escritos con el dolor
con
la sangre y la parte más oscura
de
mis pensamientos.
Fue
un concurso que nadie ganó,
un
certamen que jamás existió y
quien sabe dónde fueron a parar.
Yo
los prefería en el fuego,
ese
mismo fuego que todo lo consume
y
lo purifica a través de sus llamas eternas.
Si
ese era su destino, se los han arrebatado.
Alguien
se arrogó las potestades de un Dios
que
decidió por ellos.
Ese
Dios los ha perdonado de la hoguera y
los
dejó vivir a través de hurto,
porque
en el robo se necesita violencia, fuerza,
y
aquí solo hubo ardid,
ese
mecanismo engañoso y piadoso
para
que ellos vivan y
se coronen a la gloria de otros.


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