Cuanta
inmensidad me rodea y
yo,
un ser tan pequeño,
tan
vacío y quebrado por dentro
que
merodea los rincones oscuros
de
la poesía,
contorneando
ese cuerpo bello y armonioso
de
letras en unos cuantos versos.
Moribundas
almas en pena que corren
en
la trasnoche de una vida que ya esta
en
el ocaso.
Despedidas
y abrazos en los andenes
previos
a la partida del tren eterno.
Formas
que se hacen sombras en la noche,
lunas
contrastadas por el sol y
penas
dibujadas por borrachas alegrías.

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