El rio, los arroyos y los canales
se han desbordado; el agua,
incesante, con furia, sin tregua
ni piedad, se ha ganado dentro
de las casas.
Los bomberos de aquí para allá,
las mujeres lloran, los niños se asustan
y los hombres corren.
Un desastre de magnitud; una vida de
esfuerzos que se lleva la corriente,
nada importa, todo se ha perdido.
Veo a un hombre ya viejo llorando
porque nada pudo salvar. Yo camino por
lo que alguna vez fue una calle y
la lluvia,
no para de caer,
no da tregua, ni cede en su lucha contra
los causes.
Mi chaqueta para el agua esta empapada,
las botas se me llenaron por dentro y los
pies se me congelan.
Los cigarrillos se me humedecieron,
los fósforos no encienden, me detengo
por un instante y contemplo la pérdida.
Un auto tapado hasta el parabrisas y
un hombre con los brazos sobre su torso,
observando su mala suerte.
Todo, absolutamente todo, se perdió.
Los centros de evacuados están llenos,
los voluntarios no paran de sacrificarse
y nadie se pregunta:
¿Por qué paso esto?

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