Narrar, es jugar a ser Dios. ser un artesano que moldea un Universo.
Partir de la nada, de una hoja en blanco, e ir dándole forma a formas preexistentes en el plano de las ideas.
Narrar, es un acto de amor, una forma de procreación.
Es la necesidad de ir llenando el silencio con voces que cuentan, que hablan, que van diciendo algo -a veces trivial, otras interesante-, pero darles al fin una voz propia, como lo hacia Faulkner, Hemingway, Bolaño. Ser un constructor de zonas, como lo hacia Saer.
Quienes escriben, lo hacen con pasión y obsesión. Son seres dotados de tenacidad y cierto grado de locura, porque el mundo del libro se viene acabando, y se anuncia su extinción desde el advenimiento de la televisión, posteriormente desde que los medios digitales han ido ocupando un lugar central en la vida de las personas; ya no existe lo epistolar como genero, ahora es un mail, un mensaje de Facebook, o la inmediatez de Twitter en sus 140 caracteres, o el Watsapp que ha destruido la gramática, y las formas de comunicar una idea; jamás podría pensarse a Kafka escribiéndole a su padre por Watsapp, o a Tolstoi reclamándole a su mujer Sofía que vuelva a corregir La guerra y la Paz. No se puede escribir un solo párrafo sin amar lo que se hace.
Tampoco se escribe para un publico, en todo caso, se escribe para ser leído, pero nunca se lo puede hacer pensando en un segmento social. Se escribe, como se respira, o se come, es una necesidad de eludir un mundo real, del cual se toman o no elementos, y se crea uno nuevo. Se recicla, se plagia, se aumenta, se suprime, algo viejo o contemporáneo, como el caso de Puig con los folletines, o Artl con sus novelas de lumpenes, o sus Aguafuertes Porteñas, con lenguaje corriente, el de la calle.
El mundo académico junto al económico editorialista, han dicho que es lo que está bien y lo que está mal. Nadie escribe mal, en todo caso, lo que se narra, no es de interés para ser publicable. Narrar implica comunicar, y comunicar es parte del ser; no se puede enmudecer al ser, porque estamos hechos de fibras invisibles que nos intercomunican.
Los juicios están llenos de prejuicios, comparaciones, y teorías que otros han dicho o escrito, diciendo que es narrar bien.
Un párrafo puede trascender o quedar en el remolino del olvido. La literatura está llena de bovarismos.
La aventura de navegar en territorios desconocidas, experimentar hasta llegar hasta los extremos del lenguaje como un navegante sin brújula que, lanzado al mundo nuevo, se aventura desde puerto seguro sin saber que le depara el destino. Utilizar todas y cada una de las herramientas del lenguaje como lo hizo Joyce con su Ulysses,
Escribir un poema con un solo verso es un poema, porque la estética y el sentido de lo que se comunica es poesía, y quien no quiera creerlo que reviente.
Solo el tiempo -ese ciclo que fluye, fraccionado en unidades innecesarias-, será el limite final, el juez que dictará la sentencia definitiva. Y, si la obra logra vencer las barreras de los prejuicios, las modas, los humores de la época, y las opiniones de quienes ejercen la critica, será al fin eterna, porque trasciende a quien la ha creado. Es recuerdo vivo. Pasión artesanal, que brota del pensamiento.
Detrás de esas paginas siempre habrá alguien que sigue vivo y dejó un testamentum de lo que fue su esfuerzo.

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