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Soy Jesús Ibarren. Lector empedernido que no pertenece a la academia. Amante del arte en todas sus formas. Hipercrítico de la concepción burguesa y aristocrática de las artes.

miércoles, 24 de febrero de 2016

El tiempo ofrendado.

El ventanal esta empañado,
dibujo garabatos y pienso
algún poema.


La calle es de otro tiempo.
El agua cae muy despacio,
en forma muy fina,
           casi imperceptible.

Mis recuerdos fluyen como
el caudal por el río alborotado.

La nostalgia y el anhelo de la
Infancia.

Todo florece en mi ser, con
el olor de la tierra mojada.

Las tardes bajo el duraznero con
Borges y los pájaros cantando.

La ropa en el cordel y los perros
ladrando.

Las travesuras con mis hermanos,
y la música del piano.

Hoy no puedo resumirlo en este poema,
sin embargo en algo se le acerca.

Muchas gracias a mis abuelos
por el tiempo ofrendado.



sábado, 6 de febrero de 2016

El Tiempo.

Las agujas del reloj no paran
de retumbar en un infinito tic-tac.
Es un pequeño universo que fluye
y jamás se detiene. Yo así lo veo.
 
El hombre tuvo la osadía de encerrarlo en
una máquina, con engranajes, péndulos y
campanas.

Esa triste manía de controlarlo todo.
Esa obsesión humana del encierro
administrado.

No tiene mayor explicación, todo
se reduce al mismo instante:
Cuando libere su furia, sabremos
al fin, que es el tiempo.



jueves, 28 de enero de 2016

Diálogos de locos.

Hank ¿Qué haces?
bebo y escribo.
Me parece razonable –Le dije-.

Las noches y los días
se confunden.
Los años parecen siglos
y la cerveza corre como
un rió.

La pobreza se multiplica
al igual que la injusticia
y el dolor.

Vamos de bares y festejemos;
seguramente Raymond
sobrio ya,
nos espere con algún poema
para Tess.


viernes, 22 de enero de 2016

Una Araña.


                                  (Yo no le he escrito, más bien ella)
Una araña camina por la biblioteca
pasa entre Bukowski, Chéjov y
Carver.
Sigue sin prisa hasta Aira,
se detiene en Piglia
y se esconde detrás de Borges.

Levanto el libro y corre al abrigo
de García Márquez
Cervantes parece un lugar seguro
y en Shakespeare
desaparece.




jueves, 21 de enero de 2016

El tren.

Ella tenía un acento español de la península,
era una inspiración caminando.
hablaba tímidamente, pausadamente,
caminaba con aplomo y despreocupación,
irradiaba elegancia.
Algo me separaba,
éramos de tiempos diferentes;
sociedades indiferentes.
Sin embargo
los espejos y las plazas que me obsesionan
son los mismos aquí y allí,
y posiblemente en tu reflejo,
o en ese banco de madera o
cemento
encuentres a mis versos
dispersos,
como yo encontré tu
acento flamenco en

el tren.

domingo, 17 de enero de 2016

La mejor respuesta.

¿Qué pasó? Es una buena forma de comenzar
un texto,
y una buena respuesta seria:
Pasó el tiempo.
Un comienzo muy clásico
Seguramente,
sin embargo, podría destacar
que es un acierto comenzar
por el paso del tiempo;
ese río indómito que nos arrastra,
y nos ahoga hasta el final.

Estamos más lejos de ese joven despreocupado,
y nos acercamos al viejo que es más sabio.

Nos abandona casi todo,
desde el peso ideal, hasta el pelo
y las cosas dejan su razonable lugar
en las mujeres.
Nos gana el gris y se cuela el violeta.
Las pasiones se moderan, y los
fanatismos se racionalizan.
Las lecturas son más profundas y
las interpretaciones menos lineales.

El rock se modera y hasta Wagner
parece heavy metal.
Al final de cuentas ¿Qué pasó?
Me pregunto nuevamente, y
 la respuesta es simple:
Yo tampoco sé nada de
toda esta treta.






jueves, 14 de enero de 2016

La crítica


Supongo que el ejercicio de la crítica es natural en el hombre, sin embargo, cuando es despiadada y sin más sustento que destruir algo, no reviste mayor mérito.
Los críticos, no solo literarios, sino de la cultura en general, tienen una tendencia a destruir lo que en la academia y las enseñanzas Universitarias no cuajan. Un texto, una escultura, alguna pintura; murales de graffiteros, entre tantas formas de expresión (porque el arte es expresión lisa y llana) ¿Quién puede arrogarse la facultad de catalogar algo de malo o bueno? En todo caso, hablemos descarnadamente de textos que venden y textos que no comprarían ni a los parientes del escritor, lo mismo que las pinturas, las esculturas y otras facetas del arte.
Los críticos son gente que se especializa en la rama donde algunos osan trepar y muy pocos tienen el pase libre; es cierto que leen muchísimo, tanto que a mí me genera dolor de cabeza; leer a ciertos autores es imposible, pero es parte de la tarea. Direccionar al futuro lector con un barniz de opinión calificada, condiciona la lectura, por eso soy cultor de la forma más rudimentaria de lectura: Leer como un desaforado, cada instante libre, cada pausa del trabajo, y mientras me mantenga despierto estoy con un libro. Después hago mi propia crítica, algunos son muy buenos, otros son realmente malos, pero con buena prensa.
Yo transité los pasillos de la universidad, no de letras, la del derecho y obtuve mi título de abogado, conozco las discusiones y sobretodo el desprecio por lo que está afuera, los que ignoran la técnica. Pareciera que el arte, en lugar de ser cada día más abierto y omnicomprensivo, es más cerrado, encasillado y envuelto en su propio espiral de las “técnicas”. Ese reducto de especialistas en materias de estudio, es un lugar para aprender, no para convertirse en un ser que sobrevuela al resto de los mortales.
Imagino a varios académicos sentados tomando whisky y devorando sándwiches, con un elevado promedio de edad (que no siempre garantiza sensatez), criticando obras y re-interpretando donde ya no entra una versión posible dentro de las que los manuales indican.
No estoy inaugurando un estilo, tampoco una forma, otros ya lo han hecho, por ello no soy innovador en plasmar estas letras, que como siempre, van navegando sueltas por el mundo de la inmaterialidad de la red, y a algunos les parecerá interesantes, a otros perogrulladas de un novato, que le hacen falta unos seis años en la facultad de letras.
Abrir la crítica, dejar los dogmas en la puerta de ingreso y apoltronarse en un buen sillón; o en la parada de colectivos con la música en los oídos; o en el jardín silencioso, entre los aromas a libertad; o en la playa y en todos los lugares posibles donde estemos, intentemos ser críticos sin dejarse condicionar por lo que dicen “los que saben del asunto”. Seguramente las formas más rudimentarias de arte son las que nos interpelan y nos dicen: dolor, amor, alegría, pérdida, excelencia, muerte y simpleza.
El crítico como el escritor, que se luce con formas extremadamente complejas de comunicación (no creo que sean inocentes y ajenos) hacen sentir al lector que esta fuera de ese círculo de privilegiados que pueden entenderlo. Alejar a las personas es una estrategia –supongo-  para que todo parezca más interesante de lo que efectivamente es. Marear al lector dentro de un lavarropas y soltarlo, como los juegos del parque de diversiones. Nunca me gustaron los parques de diversiones, de niño los encontré aburridos, con sobreabundancia de peligros y una dudosa diversión.
J.I