(Yo no le he
escrito, más bien ella)
Una araña camina por la biblioteca
pasa entre Bukowski, Chéjov y
Carver.
Sigue sin prisa hasta Aira,
se detiene en Piglia
y se esconde detrás de Borges.
Levanto el libro y corre al abrigo
de García Márquez
Cervantes parece un lugar seguro
y en Shakespeare
desaparece.

Creo que la elección de los autores enumerados malogra las posibilidades expresivas del texto. Quizá porque se trata de autores de culto que suelen poblar las bibliotecas del mundo. Gurdjieff, Blavatsky, Jung (sólo como ejemplo) quizá no serían menos arbitrarios, pero la mirada del lector no se detendría en esa nómina. Intuiría, a través de ella, a un lector de sesgo particular, más complejo e incierto.
ResponderEliminarMe gusta la estructura del texto y la araña como recurso.