Me lo venia preguntando hace algún tiempo, ensayando posibles respuestas.
No quiero hacer una exposición académica -ya que no lo considero necesario y tampoco creo tener la autoridad para hacerla, ni la talla intelectual-. Mejor que los análisis sesudos queden para otros, que frecuentan pasillos universitarios (in-merecidamente muchos de ellos).
El arte de la escritura es ante todo un modo de expresión simple, donde el narrador, el poeta o el cuentista, quiere decir algo; contar una historia, susurrarle al oído a esos lectores lo que en voz alta seguramente seria imposible.
Los debates que surgen luego sobre cuestiones como la sintaxis, el uso correcto de la puntuación, el universo gramatical, la retorica, la ortografía ( hasta el mismísimo García Márquez se horrorizaba y compadecía de los editores cuando leían sus borradores, por sus horrores ortográficos) y las reglas de la escritura en general, nos llevan a descartar verdaderos mensajes detrás de obras -tanto extensas como breves-, que no son de la apetencia académica.
Hasta Bioy Casares reconoció que muchos de sus detractores y críticos,sospechaban que algunas de sus obras fuesen producto del dictado de su amigo Borges; o Carver y su editor Gordon Lish a quien se le atribuye el estilo del enorme escritor, del cual merece mi admiración mas profunda.
Todos padecemos el mal de los críticos; esos mismos que adulan textos comerciales o librillos de aeropuertos.
Cuando una persona y todo su ser se sientan a escribir nos regalan un universo en el cual bucear, navegar, investigar, sentir, enojarse, enamorarse, entristecer y hasta a veces alegrarse.
Cada texto tiene su propia respiración, su ritmo, y hasta su propio ciclo del sueño ¿Acaso no les ocurre cuando dejamos la novela, el cuento o el poemario en la pagina donde podemos cortar ese respiro?
Observar y escribir. Dicen que quien no tiene la capacidad de ver con ojos de escritor no puede captar los mensajes del entorno. Yo creo que existen muchos mitos en torno a la escritura y todo lo que conlleva. Escribir es soltar, liberar, dejar que las palabras se vayan, viajen y sean apropiadas por el lector.
Diferente es la obsesión de la escritura profesional; un reducto donde solo unos pocos ingresan al club o la logia. Aquí comienzan a trabajar otros factores que son ajenos a la escritura misma y en honor a ella prefiero no rozar siquiera esos vértices.
Quien escribe con el afán de comunicar y dejar que esas palabras naufraguen en un mar, sin saber en que orilla encallar, no hay de que preocuparse, la tarea mas difícil está resuelta y es la firme convicción de ESCRIBIR.
J.I

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