Cada vez que respiro
llega ese olor a humedad y tabaco
que queda grabado en mi memoria.
Ese mismo que huelo todos los días
de madrugada.
La tierra cuando se moja en
las mañanas de verano
huele a niñez en mi barrio.
Los jazmines en primavera que
perfuman los jardines de la casa
vieja de al lado.
Pero ese olor a humedad y tabaco
que penetra todos y cada uno
de los poros de mi piel,
me recuerdan lo peor.
Se herrumbra mi corazón cada vez
que debo atravesar la ciudad en la noche,
abrir la puerta y ese olor a humedad y tabaco
que se apodera de mi olfato.
Los olores nos marcan la infancia,
los perfumes la adolescencia y
los horrores modernos nuestra adultez.

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