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Soy Jesús Ibarren. Lector empedernido que no pertenece a la academia. Amante del arte en todas sus formas. Hipercrítico de la concepción burguesa y aristocrática de las artes.

domingo, 22 de enero de 2017

La mudanza.

Hoy  lo he decidido:
 me mudo de este departamento
a una casa con más espacio
para que el sol entre por las ventanas,
el aire recorra cada uno de los rincones  y
cuando llegue de mi trabajo, después de una larga madrugada
pueda sentarme en el sillón a contemplar el parque:
que la luz oblicua caiga sobre el pasto e inunde
mi pecho de calor,
 y el aroma profundo del café en el fuego me deleite.
Ya no tendré que odiar a esos vecinos ruidosos y
su música a todo volumen;
 o las peleas a puñetazos de los locos del fondo.
Ya no sentiré el olor nauseabundo de los pasillos y
las escaleras.
(Ninguno entendió el valor de estar solo con uno mismo,
pensarse en su existencia día a día y odiar la miserable
injusticia del mundo).
Algunos de ellos viven allí por necesidad:
como esa mujer soltera con sus dos hijos pequeños que limpia
la casa de un ingrato jefe, o la mujer morocha, que siempre
me resultó demasiado bella para este lugar,
como un Nenúfar en el Nilo;
la vieja religiosa y sus visitas, o
 la puta de abajo con sus gemidos de madrugada, solo acallados
por mis discos de rock.
Todo fue parte de mis años entre extraños que apenas
saludaba. Ahora navegaré un nuevo rio, esta vez solo
espero no sea tan turbulento.
Solo se van mis libros, los muebles y este poema,
el resto de mis recuerdos aquí se quedan.


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